Tejiendo relaciones en Europa

Miembros de PR el pasado julio estuvieron tejiendo relaciones en el viejo mundo en búsqueda de nuevos horizontes. Entre ellos, Pablo Collaud, Milan C. Jelic, Santiago Pidone, Armando Sánchez y Juan Eduardo Villarraza.

(*) Por Pablo Collaud

El día era de una tenue calidez otoñal, aunque el verano ya estaba en su máximo esplendor. La latitud de Bruselas no dejaba escapar el termómetro a más de veinte grados. No era el calor romano que nos había recibido días atrás, mientras escapábamos a las bufandas de la Argentina. Presurosos porque la puntualidad europea no es la misma que la latinoamericana, divisamos nuestro destino. El imponente edifico de cristal, sede del Parlamento Europeo, estaba al final de la esquina. El inconfundible olor a café se esparcía por la plaza y, entre las mesas, miles de idiomas se entrecruzaban. Tras entrar a uno de los edificios del cristalino complejo, nos recibió Andréa Vodanović. La rubia croata nos había recibido como secretaria de Ivana Maletić, Eurodiputada por Croacia del partido HDZ, quien no se encontraba en ese momento en el Parlamento. Mientras recorríamos el largo corredor hasta las acreditaciones del ingreso, Andréa nos comentó que también tenía otra secretaría a cargo: era Secretaria General de la juventud del European People’s Party, el bloque con más representantes dentro del Europarlamento.

La magnificencia del edificio contrastaba duramente en su interior. Las oficinas de los representantes, austeras y minimalistas, se disponían a los lados de estrechos pasillos. Andréa nos guiaba y en un perfecto inglés, repasaba cada detalle del acontecer diario del Parlamento. Las cámaras de las comisiones, el salón de los plenarios y las valijas que se llenan de documentación cada vez que hay que viajar al Plenario en Estrasburgo, Francia. La visita formal terminó en el café. Allí fue tiempo de charla. El Brexit todavía era tema de charla, pero también tuvimos la oportunidad de hablar sobre PR, sobre el recién comenzado viaje y sobre las ideas a futuro. Andréa sacó de un pequeño estuche sus lentes, los limpió suavemente mientras escuchaba a cinco argentinos afinando el inglés. Al parecer nos hicimos entender, porque nos despedimos intercambiando tarjetas y sugiriéndonos algunos posibles contactos para seguir creciendo. Porque como dicen, la gente buena conoce gente buena.

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En el parlamento Europeo con Andréa Vodanović

Afuera, el sol del mediodía intentaba ganarle la pulseada a las nubes. La prisa por volver no era la misma que por venir. Más tarde nos encontraríamos con Ivan, pero teníamos tiempo para distraernos con la barroca Bruselas. Ivan Delibasić, serbio, trabaja hace tiempo en la capital belga. Experto en política educativa, así como en asuntos de los Balcanes y el Cáucaso, accedió a encontrarse con nosotros y compartir la tarde en el departamento donde nos estábamos hospedando. Llegó en bicicleta, saludó a todos y no se demoró en servirse un café. Los europeos deben tener torrada la sangre, y ha de ser contagioso, pues en el largo viaje, el café por la tarde nunca faltó. Charlamos un poco sobre el Brexit, era imposible no hacerlo. Ivan, entre charla y charla, abría la ventana que daba al pequeño balcón para fumar sin molestar. Las tardes en Bruselas eran largas, anochecía cerca de las 22:30.

Ya habían pasado un par de horas cuando suena el timbre. Era Patricio Petrić, argentino, hijo de croatas, que había vuelto al país de sus padres hacía veinte años. Era interesante escuchar a Patricio, un argentino hablando con acento croata, que cuando reía, su risa contagiosa llenaba la habitación. Había pasado mucho tiempo trabajando en HDZ y ahora, unos días al mes, viajaba a Bruselas representando a la Agencia de Protección de Datos Personales de Croacia. Con Petrić la charla se distendió, la mesa cambió el café por cerveza y la conversación era la de los amigos que se juntan después del fútbol. Comentamos un poco sobre nuestro encuentro en el Parlamento y, con Patricio, quedamos en encontrarnos pronto cuando nuestro viaje tome rumbo este hacia Croacia. Antes de despedirse, Ivan nos preguntó como seguía nuestra agenda. El día siguiente lo teníamos libre, aprovecharíamos para ir a Brujas. El sábado, último día en Bruselas, nos reuniríamos con Máximo Miccinilli, otro argentino, quien es el Director de Asunto Públicos y Comunicación de la Cámara Europea del Aluminio y ha hecho una gran carrera como lobbista especializándose en el sector energético.

El lugar de reunión lo había elegido él, un bar al aire libre. Máximo llegó y saludó primero a Milan, compañero suyo del secundario. Se alegró de conocer a más miembros de PR, porque según decía, entre risas, no sabía si su amigo de la escuela lo estaba verseando con esto del partido. Charlamos largo y tendido, nos contó un poco sobre su experiencia laboral, sobre sus ganas de ver mejor al país que lo vio nacer y de ayudar a que esto pase. «¿En que los puedo ayudar?» dijo, coronando un largo suspiro. No era un suspiro de indignación, era un suspiro de esos que uno suelta, mientras se arremanga y empieza a trabajar. Antes de despedirnos, le pedimos al mozo que nos saque una foto y Máximo nos dijo que reservemos un fin de semana de noviembre porque iba a andar por Argentina. Él se fue y nosotros, con las últimas luces del día, subimos la añosa escalera que nos llevaba a nuestro hospedaje.

Mientras hacíamos las maletas, pensaba en todo lo que había sucedido en apenas una semana. Una semana nos llevó conocer nuevos contactos y afianzar otros, siete días perfectamente invertidos en un plazo fijo a muchos años, pero con un interés más grande que el que te puede dar cualquier banco: relaciones que nos ayudaran a crecer mutuamente como partido y como país. A última hora, llegó un mensaje al celular de Milan. Era Florencia Locascio, quien nos estaría esperando en Firenze, Italia, para nuestras siguientes reuniones. Cerramos las valijas y el primer ciclo de encuentros, pero todavía quedan muchas millas por desandar.

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Con Iván y Patricio

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Con Máximo

Al calor de la Toscana.

Recorriendo las ondulaciones que marcan el paisaje de la Toscana, no es difícil entender como tantos italianos se quedaron en la Argentina. Era como estar en las cuchillas entrerrianas. Campos de alfalfa, girasol, lino. Vacas, cabras y ovejas. Fardos, rollos, tractores. El pequeño auto, conducido por Florencia, recorre a gran velocidad las curvas y contra curvas que nos llevan desde la parada del tren en Loppiano a la Escuela de Economía Civil. Enclavada en el medio de un valle, la Escuela y el Polo de Producción donde funciona son una especie de oasis humano entre tanto verdor. Bajamos del pequeño Fiat Panda y enseguida sentimos el fuerte sol sobre nuestras cabezas. Ya empezábamos a extrañar la frescura de las semanas anteriores, y por eso nos apurábamos para entrar al Polo.

Florencia Locascio es hermana de Leandro, amigo que participa en PR Rosario. Está en Loppiano, un pequeña cittadella del Movimiento de los Focolares, realizando una experiencia de intercambio. La rosarina fue nuestra guía durante el recorrido y gracias a ella pudimos acceder a conocer todo lo que se lleva a cabo en la Escuela de Economía Civil. Nos recibió Leonardo Brancaccio, Secretaio General de la Escuela. Dialogamos un poco sobre el trabajo que lleva adelante la institución, que cuenta entre sus fundadores a personas de la talla de Stefano Zamagni y Luigino Bruni. Fue interesante charlar un poco sobre su visión de la economía, que pone a la persona humana en su centro y busca promover la fraternidad y reciprocidad entre diferentes actores políticos en el marco de una economía de mercado con el fin de crear mayor felicidad pública además de riqueza y ganancias. Escuchábamos atentamente, el italiano en este caso se hacía más fácil de entender.

La visita terminó en el café, obviamente. Un gran problema de los italianos es que su café lungo es casi una lágrima argentina. Es por eso que había que saber escoger bien para encontrar esa combinación justa entre calidad y cantidad que es la que nos gusta. Mientras esperábamos el pedido, comenzaron a llegar varias personas que estaban allí estudiando. Un mosaico interesante de pieles y culturas se mezcló en la mesa. Nos encontramos con Melchior Nsavyimana, de Burundi; Saima Charles, de Paquistán; Ivan Novoselskyi de Ucrania y Francisco Lovato, de Ecuador. Nos presentamos y fuimos conociendo las realidades de los diferentes países. Lo interesante de todo era ver cómo, en la diferencia, muchas cosas se repetían. En lo político, quedamos todos de acuerdo en que el gran problema del siglo XX es el populismo. No evitamos hablar del Brexit y, por supuesto, de nuestro viaje. Luego de la foto, nos repartimos en los autos de Florencia y Francisco y tomamos rumbo a la estación del tren. El sol ya había empezado su descenso y el aire estaba cada vez más fresco. Ya en el andén, tomamos el tren rumbo a Firenze, donde estaríamos un par de días. Milan nos acompañó una sola noche, pues al día siguiente ya partía a Croacia. Pronto nos volveríamos a ver.

En la Escuela de Economía Civil
En la Escuela de Economía Civil

Hacia el este. Croacia

Los días siguientes los aprovechamos para hacer un poco de turismo por las ciudades de la Toscana y la Emilia-Romana. Nos reímos al ver que tan parecidos éramos argentinos e italianos, y de lo mucho que tenemos para seguir pareciéndonos. Ojalá pronto tengamos en nuestro país la calidad de sus pastas, sus quesos, sus hortalizas frescas. Pero que nunca se arrime el calor mediterráneo. En colectivo dejamos la ciudad de los canales, Venecia, para repuntar en Zagreb, ciudad capital de Croacia. Llegamos de noche y con una tenue llovizna, Milan ya estaba esperándonos en la estación. El día siguiente siguió estando gris, pero la ciudad se mostraba igual de brillante. Sus parques bien mantenidos, su arquitectura habsburga, la pulsación tranquila de sus caminantes, el grotesco de un idioma inentendible, era un paisaje que no habíamos encontrado en otras ciudades.

El primer meeting de la agenda relucía como el más protocolar de todo el viaje. En medio de los bosques zagrebíes, la Casa Presidencial era nuestro destino. Una camioneta azul marino nos llevó hasta la entrada, donde nos esperaba Dario Mihelin, asesor de política exterior y europa de la Presidente de la República. El croata, rubio y alto, nos recibió con el café ya un poco frío, víctima de nuestra impuntualidad argenta. La charla transcurrió de manera tranquila, el eje se dio en la relación entre nuestro país y el suyo, en qué podíamos, desde nuestro lugar, aportar a esta relación. También se interesó por nuestra propuesta como partido, y nos alentó a seguir. El año próximo, la Presidente de Croacia iba a estar de visita en Argentina. Nosotros, ya nos anotamos la fecha. Nos llevaron en la misma camioneta hasta la reja de entrada al complejo. Desde ahí, bajamos caminando la loma. El bosque parecía sacado de la tapa de un disco de Sui Generis. Un pequeño zorro colorado corrió detrás del alambrado al vernos, mientras nos arrimábamos a la parada del colectivo.

Esa tarde se nos había sumado al viaje Juan Miguel Villa, colombiano residente en Washington, que trabaja en el Banco Interamericano de Desarrollo. Había aceptado la invitación de Milan, su ex compañero de postgrado en Manchester, para hacer un poco de política en el viejo mundo. Con Juan Miguel paseamos por la calle Tkalciceva, una peatonal llena de bares de ensueño. En una esquina, una banda de jazz toca al aire libre. Más allá, una hermosa chica canta acompañada de una guitarra, asomándose por la ventana del primer piso. Su pie desnudo hace círculos sobre la lona verde que cubre las mesas del bar de abajo. Ahí nos estaba esperando Tin Pažur. Fumaba un puro mientras miraba el celular, en lo que llegamos se levantó y nos saludó. Tin es concejal en Zagreb por el Partido Socialista Croata. Pedimos una cerveza y él nos contó sobre su experiencia en el Concejo, a la vez que no perdió tiempo en dejarnos algunos folletos sobre rutas de eco turismo, un emprendimiento suyo. Hablamos largo y tendido, pedimos otra ronda de cerveza y esperamos que la noche caiga. Cuando nos despedimos, aprovechamos para deambular por una ciudad que ante la oscuridad, sabe como deslumbrar.

Al día siguiente, último en Zagreb, nos reunimos con Josip Bilaver, Diputado Nacional y Presidente de la juventud del Partido HDZ, además de Vicepresidente del Partido a nivel Nacional. Mientras lo esperábamos en el hall de la casa del partido, aprovechamos a tomar un capuchino, cortesía de la casa. Josip nos recibió a pesar de que en unos días estaban de elecciones internas en el partido. Aprovechamos a conocernos mutuamente, contar nuestra experiencia e intentar forjar una relación. Es el mismo partido en el Patricio Petrić trabajó durante años. Intercambiamos tarjetas y nos tomamos algunas fotos. Les deseamos una buena elección y fijamos rumbo norte, pues el día estaba fresquito y no nos queríamos ir de la capital sin probar gulas. Esa noche la aprovechamos para hacer un reencuentro con Patricio y un par de amigos suyos de la política: Šime Visić y Mario Žepić. Ambos, al igual que Patricio, menos activos últimamente, pero siendo tan buena gente, los alentamos a seguir. «¿Se imaginan PR Croacia?», bromeábamos. Parecíamos amigos de la secundaria que nos encontrábamos después de largo tiempo. Nos prometimos no ser la última vez en vernos y ellos dijeron que les tocaba ir a la Argentina la próxima. Como se ve, promesa de típico amigo de la secundaria

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Con Josip Bilaver

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Encuentro con Šime, Mario, Patricio

Unas semanas más tarde, estábamos haciendo la cola que nos conducía al avión que nos devolvía al fin del mundo. Cuarenta y cinco minutos de demora, que se pasaron volando porque nos encontramos con un par de jubiladas argentinas que estaban de vacaciones. Ni lerdos ni perezosos, aprovechamos a contarles de nuestra misión política. La cara de extrañeza de la que parecía la mayor de las mujeres no tardó en llegar. «¿Y de que les sirve hacer todo esto? Hoy ustedes lo que quieren es ganar una elección». Y la señora tenía razón, pronto tendremos que someter nuestra lista al voto popular. Pero pronto, también, nos tocará gobernar, y seguramente, todas las personas que conocimos también lo estarán haciendo en sus países, y siempre es bueno tener una buena relación con el mundo para ayudarnos mutuamente. Porque como dijimos antes, la gente buena conoce gente buena.

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